Motivo de orgullo arquitectónico, admiradas también por los turistas son las residencias de Sans Souci en Victoria, construida para Carlos de Alvear; el palacio de Ernesto Bosch y Elisa de Alvear, actual residencia del embajador de los Estados Unidos y el de Matías Errázuriz y Josefina de Alvear, sede del Museo Nacional de Artes Decorativo; en base a los planos del francés René Sergent. Sin embargo este destacado arquitecto nunca vino a Buenos Aires y encargó al estudio Lanús-Hary la dirección de la construcción de estos edificios, lo que habla de su calidad profesional. La Aduana de Buenos Aires, la sede del Club del Progreso en la calle Sarmiento, son otras realizaciones de dicha empresa, sin contar otros caídos bajo la despiadada piqueta.

Sin embargo muy pocos conocen la faceta del arquitecto Paul Hary como hombre de campo. Dejó unas memorias que con el título de “El país de Tata Dios”, a la vez tan bello y sugestivo, su nieto ha publicado bajo el sello de Ediciones Mainhausen, apuntando notas sobre cinco generaciones de esta familia franco-argentina. Como dicen en el campo “sin dispreciar a naide” la figura del fundador de la familia en nuestras tierras, que se enamoró del campo, se destaca en estas páginas, ya que la obra presenta un aspecto desconocido de su personalidad.

El muchacho llegó desde Francia con sus padres en 1890 y en su relato describe magníficamente aquel Buenos Aires, en el que hizo sus estudios desde la maestra particular en Conchitas lo que hoy es Hudson ya que su padre era empleado de la cervecería de Otto Bemberg; al lado de “Los Tres Ombúes” y cercana a “San Juan” de don Leonardo Pereyra, adonde concurrían de a caballo los domingos para la celebración de la misa, que celebraba el padre Terrero, después obispo de La Plata. Completó Hary su formación con los padres bayoneses, luego en el Nacional Buenos Aires y la universitaria en Europa, que lo hizo en su tiempo uno de los reconocidos arquitectos de aquella gran argentina.

De aquellos primeros años recuerda algunas medidas para transformar el campo, que se consideraban fundamentales, como las colonias fundadas por Sarmiento en Chivilcoy, “en la frontera con el indio, algo así como un sueño para el sanjuanino, la materialización del triunfo de la civilización sobre la barbarie, la expresión concreta de una comunidad ideal, modelo de todos los pueblos a fundar en esa inmensidad”. Don Domingo afirmaba que para que el país avanzara había que fundar “muchos chivilcoies”, y ya desaparecido su obra seguía siendo un ejemplo. Hary que era un muchacho reconoce que esos años de progreso increíble para el país se dieron “bajo el puño y la voluntad del presidente Roca cuando se proyectaba a lo grande”.

En 1917 en la línea que unía Tres Arroyos con Lobería, compró Hary a don Emilio Lamarca, 2600 hectáreas, “una fracción de la inmensa propiedad de los Lavalle Cobo” entregada por el estado “en pago de servicios militares, siguiendo la idea de lograr una incipiente ocupación territorial”. Bautizó ese establecimiento con el nombre de “La Galia”, campo totalmente pelado, apenas con un puesto, con alambrado perimetral y solo tres divisiones, cuyo valor era el de un novillo por hectárea equivalente a 155 pesos fuertes.

En 1923 compró 3500 hectáreas en Estación Coraceros, 3500 hectáreas propiedad de Juan Carlos Rodríguez Pividal y su mujer Mercedes Pirovano, a la que puso el nombre de Bersée en referencia a una propiedad de la familia de su mujer, tiempos en que las familias empezaban por distintas razones a desprenderse de algunas fracciones de campo. Parece ser que el vendedor ante la pregunta de Hary si no sentía angustia por la operación realizada éste le contestó “pero por favor don Pablo, si la plata de la mujer es para gastarla”.

El libro es un interesante aporte a la historia del campo y ,para comparar los valores de la época con los actuales, por ejemplo menciona que el Palacio Bosch, actual embajada de los Estados Unidos, en la que Hary fue uno de los constructores con su socio Lanús, costó 3.000.000 de pesos equivalentes al valor de 20.000 hectáreas de campo de la época.

Uno de los hijos de Hary, fue Paul, fundador de los grupos CREA, y como todos los de la familia aprendieron de su padre ese amor y el trabajo pujante en el campo. Con este libro Martín Hary, reuniendo las memorias de su abuelo, con escritos familiares de su familia, logra acabadamente mostrar como con trabajo este tierra era “El país de Tata Dios” hace más de un siglo.

Por: Roberto L. Elissalde

Fuente: lanacion.com