El próximo 12 de octubre se cumple un siglo de la asunción como presidente del dirigente radical.

Durante su estadía en la Casa Rosada (1922-1928) logró los más altos índices de ocupación y de participación de los trabajadores en el ingreso nacional y ubicar a la Argentina entre los seis países más desarrollados del planeta.

Hace cien años asumía la presidencia de la República Marcelo Torcuato de Alvear, uno de los grandes olvidados por la historia. Hasta los propios radicales han sido injustos con él, aunque fue uno de los fundadores de la Unión Cívica de la Juventud y estuvo en la revolución del Parque en 1890 junto a Alem y junto a Yrigoyen en la revolución de 1893. En 1912, también integró la primera bancada radical en la Cámara de Diputados por aplicación de la Ley Sáenz Peña y en 1916 al asumir la presidencia Yrigoyen le ofreció ser ministro de Guerra, pero prefirió ser embajador en Francia.

OBRA DE GOBIERNO

Como presidente (1922/28) condujo a la Argentina por la senda del progreso en los inolvidables años veinte. En su obra de gobierno se destaca la ley que fija el pago de salarios en Pesos Moneda Nacional, la inauguración de la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba, la Ley de Derechos Civiles a la mujer, las leyes jubilatorias para maestros primarios y empleados bancarios, la inauguración del Palacio de Correos y Telégrafos y la Casa del Teatro, la creación de los cuerpos estables del Teatro Colón, la creación del Conservatorio Nacional de Música “Carlos López Buchardo” y de Radio Municipal, la instalación de la base de submarinos en Mar del Plata y la construcción de las destilerías de YPF en La Plata.

CARACTER Y CORAJE

En la difícil y compleja década de los treinta, Marcelo de Alvear regresó al país para asumir la conducción de la UCR, tiempos en los que volvió a poner en evidencia su carácter y coraje, enfrentando el fraude patriótico y la violencia política ejercidas por la dictadura de Uriburu y los gobiernos fraudulentos que le sucedieron

En la campaña electoral de 1937 encabezó la fórmula radical acompañado por Enrique Mosca, llevó una plataforma programática de avanzada, de fuerte impronta socialdemócrata. Alvear fue entonces el más importante dirigente político en impulsar la estrategia de los frentes democráticos antifascistas, ante la Guerra Civil Española apoyó a la República ante el ataque franquista.

También fue un decidido enemigo de Hitler y Mussolini y sus regímenes totalitarios por lo cual al declararse la Segunda Guerra Mundial fue partidario de los Aliados en defensa de los valores y principios de la democracia.

Como líder partidario su estrategia de unificación del radicalismo disperso y perseguido habría sido exitosa si los conservadores no hubieran recurrido sistemáticamente al fraude electoral. El levantamiento de la abstención fue un error de apreciación histórica, pero no fue una claudicación.

Para juzgar con justicia a Alvear es imprescindible reconocer que, en 1931, cuando regresó luego del golpe militar, tenía más de sesenta años y el país había cambiado. Aunque pudo haber negociado con Uriburu o Justo que probablemente le hubieran entregado la presidencia si resignaba la compañía de la chusma yrigoyenista, sin embargo, eligió quedarse con las bases populares y reconstruir la UCR con todos los radicales.

Los primeros en reconocer la sincera identidad radical de Marcelo fueron los conservadores que lo persiguieron y combatieron. Dos veces el propio Hipólito Yrigoyen lo señaló como sucesor: en 1922 al prohijar su candidatura presidencial y en 1931 como jefe del radicalismo ¿Se equivocó Yrigoyen? Absolutamente no.

Los datos de la presidencia alvearista así lo demuestran con contundencia: los más altos índices de ocupación y de participación de los trabajadores en el ingreso nacional, la profundización de la reforma patrimonial con el fortalecimiento de YPF designando al frente al coronel ingeniero Enrique Mosconi, la ubicación de la Argentina entre los seis países más desarrollados del planeta con un PBI que era el doble del de todo el continente sudamericano. Es cierto que tuvieron diferencias, que en realidad fueron más ásperas entre yrigoyenistas y alvearistas que entre Yrigoyen y Alvear. Alvear tuvo diferencias con Yrigoyen al finalizar la Primera Guerra Mundial, pero no fue una discordia insalvable, ya que poco después Yrigoyen se jugó decididamente por la candidatura de Alvear relegando a otros importantes aspirantes que sentían tener más mérito que aquél para suceder al caudillo.

Fue entonces que Yrigoyen lo eligió nuevamente a Alvear: “Marcelo es radical. Hay que rodear a Marcelo”.

por Diego Barovero*

*Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.