EDITORIAL DEL DIRECTOR DE LA GAZETA –

Es en estos días difícil hacer un editorial cuyo contenido acierte en superar la mera crónica de dificultades, mostrando en las tareas del ahora, las obras que corresponden a los muchos posibles mañanas, cuyas bases, sin embargo, deben fundarse desde este presente, que deberá prolongarse en esos por ahora hipotéticos futuros días, meses y años.

Hoy podemos detenernos en lamentos sobre las mentiras que abundan, las debilidades y vacilaciones de presuntos líderes que se esconden, callan o encierran. Preguntarnos, como muchos, ¿dónde están los pilotos? ¿dónde los pastores?

A fines del 2019 dijimos que toda la clase política debía dar examen en marzo. Al tenor de las encuestas, viene reprobando en su mayoría. Sobre todo los jueces y legisladores que han abandonado sus cargos (no sus sueldos) y cosechan altos porcentajes de descrédito, lo que se seguirá agravando, si no aciertan prontamente en reasumir sus deberes esenciales de representación del pueblo y de decir la justicia. El Ejecutivo se luce porque está solo en la cancha, pero sus principales cometidos y promesas (activar la economía, arreglar las deudas, “llenar las heladeras”, “levantar las persianas de las empresas”) son notorios fracasos.

La pandemia global le ha dado un respiro de ejecutividad y aun de posibilidades de éxito, pero sigue sin brújula y sin plan, y a medida que esto se va haciendo cada vez más evidente, va perdiendo credibilidad y centralidad a manos de sus mentores y supuestos compañeros o subordinados.

Puede decirse que el federalismo nos esta preservando de cosas peores, pero este año 2020 corre el riesgo de ser recordado tanto  por la anarquía y la asunción de poderes locales por intendentes y gobernadores, como por el COVID.

Hoy nos  vemos muchos ciudadanos en un partido tramposo, donde un  referí bombero nos ha llenado de tarjetas rojas o amarillas, mientras los contrarios se la pasan tirando al arco, y si no hacen más goles, es sólo debido a su propia ineficiencia. Pero el futuro nuestro, el de nuestros hijos y nietos, reclama que juguemos todos y tal vez el VAR de la realidad demuestre quiénes son los fouleros en este juego trampeado.

Es ya necesaria y urgente la reconstrucción que deberá afrontarse saliendo de nuestras casas, con los dirigentes a la cabeza o  con la cabeza de los dirigentes, según el célebre aforismo del General. Y esa, en este territorio dañado , sólo podrá ser ejercida por nosotros todos los que integramos este  esforzado pueblo, que ha dado una vez más muestra de que sabemos encolumnarnos , cuando la meta es clara. Con ejemplar conducta  los argentinos campeamos las cuarentenas, admitiendo sacrificios, y soportando la burla de las desigualdades de los refugiados en los presupuestos públicos. Y como aquel Cid Campeador del romancero español, sólo necesitamos  buenos señores para ser óptimos ciudadanos . Y la única consigna que puede superar la grieta que nos pretende dividir, es dejar en lo inmediato de lado colores e ideologías, y volver a los más elementales principios. Viene a mi memoria aquella consigna que decía “de la casa al trabajo y  del trabajo a casa”, o el lema  “producir, producir y producir”, únicos que no saben de grietas ni de ideología, sino del esfuerzo cotidiano bien aplicado por bien dirigido.

En un facilismo destructivo en el remedio de la cuarentena masiva forzada, que además de dañar el tejido social y desarmar relaciones  de producción y comercio, suprime derechos constitucionales que ni siquiera en el peor estado de sitio se han visto restringidos. Si bien, prohibiendo circular se logran menos accidentes , cerrando fábricas se baja la contaminación, y por vía de la holganza forzada se ralentizan los contagios, lo masivo de este remedio puede resultar peor que la enfermedad. Cabe recordar la sabiduría de José Hernández cuando escribió “pues la miseria en su afán, de perseguir de mil  modos, llama a la puerta de todos y entra en la del haragán”.

La cuarentena perpetua es una forma de fracaso del gobierno inteligente. La reconstrucción guiada y explicada será difícil, pero es el único camino sanador y de éxito posible. Como pueblo dimos sobradas muestras de solidaridad y autodisciplina. Afrontar ordenada y responsablemente , por segmentos o sectores, la reconstrucción de lo destruido, si es bien explicado y dirigido será mejor que salir por cansancio, desobediencia masiva, bronca o rebelión.
Esto requiere planificación, diálogo entre sectores, abandonando la política de las imposiciones, y valorando las instituciones hoy  postergadas (justicia, deliberación parlamentaria, respeto de los derechos y la libertad individual, seguridad jurídica,)

Después de la anarquía, cabe la restauración de las instituciones y de las leyes, dejar de lado las excusas y los planes secretos o malignos, para poner en marcha la energía del pueblo aplicado al desarrollo de nuestra sociedad civil y del trabajo.

Por Roberto Antonio Punte