ARNOLDO LISTRE

El orden internacional está constituido por un conjunto de relaciones de poder entre los principales actores en la escena mundial.

Cada época tiene su propio orden que es cambiante según las circunstancias históricas y el poder (económico, militar, cultural) de los estados.Así, por ejemplo, el orden internacional a partir de la derrota napoleonica fue el que surgió del Congreso de Viena que duró hasta la aparición de Prusia como gran potencia europea.

Después de la Segunda Guerra Mundial el orden internacional fue el de la guerra fría: básicamente Estados Unidos y sus aliados regionales(fundamentalmente la OTAN) enfrentados con la Unión Soviética y sus satélites agrupados en el Pacto de Varsovia, sin perjuicio de otros actores menores adscritos a uno u otra alianza.

Luego del fracaso y la crisis del comunismo patentizados con la caída del muro de Berlín se hizo evidente el triunfo de la alianza occidental y la derrota de la Unión Soviética con la consiguiente liberación de los paises del pacto de Varsovia del yugo de Moscú.

Por un breve periodo de tiempo Estados Unidos pareció la única superpotencia mundial con el máximo poder militar (hard power o poder duro) y soft power (poder blando). Este último los constituye el valor de la ideas y los valores de la sociedad estadounidense. La democracia liberal y la economía de mercado parecía que prevalecerían a nivel mundial. Algún aventurado intelectual llegó incluso a caracterizar lo ocurrido como el fin de la historia: habían ganado valores que ya no serían materia de controversia entre las naciones: la democracia liberal y la economía de mercado.

Sin embargo, esa situación de la Post guerra fría duro pocos años.

En primer lugar apareció una nueva potencia mundial que rivaliza con Estados Unidos en poder económico y crece en poder militar que aspira a imponer en Asía Oriental, al menos como su zona de influencia, alterando la situación de poder existente desde la Segunda Guerra Mundial en que Estados Unidos domina el Océano Pacífico, Rusia se levantó de la postración que produjo el fin del régimen comunista y vuelve a exaltar el nacionalismo que dominó toda su historia. En Occidente surgen nacionalismos y populismos antiglobalizadores que cuestionan los valores predominantes desde la Segunda Guerra Mundial.

Además, se hace evidente un nuevo elemento de poder mundial: la cibernética. Históricamente en una situación de guerra uno de los principales objetivos es destruir el poder energético del enemigo. Ahora ya no sería necesario bombardearlo. Se lo podría destruir o paralizarlo anulando su sistema informático. Lo mismo con sus medios de transporte, industria, etcétera. Sin mencionar la posibilidad de influir en el poder mismo de otro país como pareciera ocurrió en las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos.

Este esquemático enfoque y breve enfoque demuestra que estamos frente a cambio dramático del poder en el mundo.

Ello producirá un nuevo sistema internacional que aún no podemos saber en qué consistirá.