EDITORIAL DEL DIRECTOR DE LA GAZETA Y PRESIDENTE DEL CLUB DEL PROGRESO –

Esta nota de fin de año aspira a sentar las bases, aún durante el receso veraniego, para un reencuentro con nuestra propia verdad y la difícil opción de asumir nuestras libertades plenamente, sin tutorías ni dependencias. Admitiendo nuestro presente de pérdida, dolor y angustia, sumidos en la conciencia de nuestra decadencia colectiva de la que no vemos aún la salida. Y, a la vez, que sólo rompiendo las barreras de los encierros físicos e intelectuales encontraremos en nuestra responsable autonomía ciudadana el sendero de salida.

Los errores de liderazgo y conducción creyeron falsamente que levantando muros y cerrando puertas se nos iba a preservar del daño insidioso de la peste. Pero sólo sirvieron para destruir, en muchos casos  de modo irreparable, partes aun sanas del tejido social y económico. Funcionarios que no funcionan, aerolíneas que no vuelan, fronteras cerradas y falsos límites amurallados, maestros que no enseñan, justicia que vacila y posterga, custodios que no resguardan, representantes que no representan, portavoces mudos o que son desmentidos , autopistas y caminos que a ninguna parte llevan… Un mapa frustrante de la incapacidad colectiva y la ceguera alentada y provocada, para un sin sentido desorganizante y anárquico.

Al encierro dirigido a la desarticulación de los vínculos sociales, se sumó la potencia destructiva del relato ideológico, cegando toda posibilidad de diálogo, comunicación y encuentro.

El “relato”, que se inspira en el constructivismo literario, parte de la premisa de que no hay verdad ni esta es posible, sino sólo ejercicio de un poder de clase,primero del  autor sobre los textos , y través de ellos , sobre sus destinatarios, que se suponen pasivos receptores de adoctrinamientos políticamente correctos  para un pensamiento único, en un nuevo canon, donde el pasado es reinterpretado de modo integral, despreciando datos y biografías y sacrificando nuestra historia al corset de la matriz ideológica que permita a la oligarquía empoderada continuarse a sí misma en una dinastía interminable.

Transmutándonos de ciudadanos en tambaleantes zombies, con voluntades adormecidas susceptibles de ser movidas emocionalmente por lemas y consignas, bajadas de líneas, con  desprecio y omisión de los hechos, matices y contextos que obstaculicen la dominación que se pretende imponer

Se pretende que no seamos actores de nuestras vidas, sino peones movidos como piezas de un tablero, galeotes remeros pagadores de impuestos, sin derecho a opinar sobre el rumbo y el destino.

Esto, en la línea marcada por politólogos como Chantall Mouffe y Ernesto Laclau, de replanteo de la sociedad como  inmersa en un permanente conflicto de predominios bajo la lógica de los roles amigo-enemigo, en donde el “relato” es un elemento funcional más de la lucha por el poder cultural y político. Es un reflejo del Ministerio de la Verdad, ominosamente descripto por George Orwell, cuya tarea consistía en reescribir  constantemente la historia para demostrar que los aliados de hoy habían sido siempre amigos, y que los enemigos actuales lo eran ancestralmente, destruyendo los registros y los libros que demostraran lo contrario y reemplazándolos, según lo requirieran las exigencias del momento político. Los nuevos manuales de enseñanza, los contradictorios tapes de tajantes afirmaciones luego desmentidas, los trolls dedicados a rescribir Wikipedia,o el emblemático  ejemplo de  la sustitución en las  ediciones del “Nunca más”, del prólogo de Ernesto Sabato  por  sospechoso de albergar una doctrina no aceptada  sobre la lucha de  facciones , reemplazado por la nueva versión que fuera elaborada en la Secretaría de Derechos Humanos. Así es que se descontextualiza y recontextualiza, por ejemplo, en el impostado  indigenismo mapuche, buscando  una falsa  plurinacionalidad cultural para una tierra que se crió mestiza de muchas naciones, o indiscriminadamente usar al voleo la categoría internacional de “genocidio” , tanto para calificar la llegada de los inmigrantes  a estas tierras,  como para  los trágicos enfrentamientos de los años 70 y 80, o el ejercicio de la soberanía territorial en la Patagonia o el Chaco. El “relato” prima, no la realidad de los hechos, sino su caducidad y reemplazo por las líneas que se quieren imponer  para el dominio del pensamiento y la acción política.

Pero la verdad y el ansia de libertad son fuerzas capaces de cortar las alambradas de púas, romper los muros y abatir las vallas. Está llegando ya el tiempo justo de prestar atención a  nuestras conciencias, despertando del sueño de las consignas vacías, y traer desde el fondo del corazón la memoria y mandatos de nuestros ancestros, para abordar el futuro desde nuestras propias voluntades, sin sujeción a ninguna ajena.

por Roberto Antonio Punte