Por Roberto Rodríguez Vagaría

 

En 74 años en la Argentina se sintieron tres olas de opinión moralizante. No es difícil identificarlas en 1943, 1983 y 2017 como fechas atravesadas por reclamos moralizadores que desplazan lo político, lo económico y lo social. Tanto que por junio del 43 nadie sabía en favor de quién se había dado el golpe, pero sí, en contra de qué. En 1983 la ola de opinión novedosa de agosto a octubre de aquel año tuvo otra vez componentes de criterios morales, antes que valoraciones estrictamente políticas. En tanto en 2017 se compendia una reacción de la sociedad que arrastra tres años de revelaciones de saqueos inusitados, para unos y otros, por su magnitud y extensión.

En el 83 se intentaba, bajo el paraguas de la Multipartidaria,  la desperonización de la convivencia de la sociedad con solo cumplir la Constitución y redireccionar las relaciones surgidas de la producción y de la productividad.

Pero, aquel esfuerzo no tuvo  fortuna. Tampoco lo tuvo la sociedad, que entonces, optó por el alborozo de 10 años menemianos y 12 K, posteriores.

 

 

La Nueva Ola

 

En 2014/15 comienza otro proceso semejante, que una vez más se yergue sobre idéntica pretensión de 31 años antes. Al acento en la moralización de las administraciones de gobierno, se añaden : a)- la disfunción justicialista; b)- el papel de la CGT en la productividad; c)- la voracidad del Estado. Pese a cuya importancia se polemiza poco.

Esto genera confusión en dirigentes de izquierda acostumbrados a la reivindicación de las contradicciones económicas de un sistema en el que no creen. No pueden admitir que una sociedad tenga un respingo moralizante, lo priorice, lo haga ola, moda y reclamo y lo entremezcle con las realizaciones en el campo de la infraestructura sin admitir negociados.

Acaba de suceder en Corrientes que posee una realidad rural que se compatibiliza con los mismos cambios de voluntad en provincias similares como Entre Ríos, San Luis, La Pampa, o la lejana Santa Cruz.

Las olas son producto del agotamiento social en un método fracasado y no por eso serán eternas en democracia.

 

La Ola Marina

 

Esta ola de esperanza tiene componentes racionales, irracionales y de imitación. En el que sobresalen simples criterios de NORMALIDAD en el país de la osadía. Sin apelar a utopías, ni slogans.

Las olas de adhesión política las resuelve la sociedad por sí y exige una vanguardia que la ejecute bajo supervisión y no premia sectarismos.

No está garantizado en el futuro el éxito de la ola, ni su duración, pero, se atiene a peldaños y al ascenso del andamio. 

Si el voto en oleadas contundentes es una alternativa del juego democrático coyuntural, no sirve para destruir instituciones. Solo intenta cambiar de época.

Los justicialistas tradicionales creen que el argumento del desmadre K y su venalidad, es la única base del triunfo de Cambiemos 2015/17 y no podrá repetir dicho argumento-clishé en el 2019 porque ya habrá cuatro años de administración propia y se agota.

No será así.

Noviembre 2017 a marzo 2018 serán testigos de la innominiosa purga moral y colectiva de la sociedad argentina confrontada con sigo misma por los delitos atribuidos a la familia Kirchner, sus socios y sostenedores. Lo que pondrá a prueba al Poder Judicial en cada jurisdicción próximamente y sin dilaciones.

Ese “efecto ola”reeligirá al presidente Macri en 2019 y acumulará 5/7 provincias más, bajo su égida. Tan solo con la búsqueda de la normalidad y si bien abandera al Pro, es visible que favorece claramente a la UCR en la coalición que compite en las provincias, si partimos del 2001.

Al ejemplo de las provincias con preeminencia rural que dan crédito a Cambiemos, le siguen las de fenómeno industrial que también adhieren en sociedades como Córdoba, Santa Fe, BsAs, ratificando que el proceso favorable es integral, abarcativo y en tránsito. 

En cuyo seno hay un doble fortalecimiento: territorial de la UCR y demográfico del Pro (Capital y Pcia de BsAs) en un marco moralizador de estilo Carrió, que recuerda- en frustraciones y triunfos -la estela de Alem y Lisandro de la Torre.

 

 

El Pro y la UCR en la Ola

 

Lo más interesante del fenómeno del Pro es que proyectó al país su experiencia en la Capital con una convocatoria no usual, insular y de confianza

en lo ya demostrado, siendo relativamente pocos y convocantes.

Ni el Pro, ni la UCR generaron la ola. Fue el bochornoso pasado reciente el autor de la ola de indignación esperanzada que premia a los que mostraron el lobo. Faro en el que brilló la Coalición Cívica y algunos más.

Ese impulso anónimo de la sociedad empuja una UCR sin líderes, que gobierna tres provincias, colabora en dos y aspira a gestionar 8/9 y cientos de municipios con la inconmovible condición de ser Cambiemos. Esa original coalición no ideológica, fundada en el BIEN COMÚN, como nuevo paradigma del siglo XXI probado en Europa.

Sería un error de radicales fortalecer, ahora, un liderazgo individualizador y diferenciador, cuando está clara la identidad y es más necesario q nunca el principio convergente, para que el ya próximo Comité Nacional, despierte la Convención Nacional, que es su usina natural de ideas y propuestas para Cambiemos; que los Bloques no absorban al partido.

La ola y la continuidad de la democracia jaquean a los militantes sobreidiologizados y sectarios y en esa simpleza se ve a la UCR ganar terreno en el asentimiento de la gente.

Las convicciones se mejoran al hacer, porque se enriquecen con otras miradas espectantes en garantizar el 19.

Así le sucedió a Arturo Frondizi en el 58; a Ricardo Balbín en la Hora del Pueblo; a Raúl Alfonsín en la Multipartidaria y a los que pulsearon en la Convención Nacional de Gualeguychú(2015) y miran con prudente satisfacción la ola actual y la realidad cambiante de la provincia de Santa Fe.