Como es sabido, René Descartes, a principios del siglo XVII, publicó una obra  fundamental para el desarrollo científico racionalista e iluminista, su Discurso del Método, fundado en la duda sistémica  “para guiar bien la razón y buscar la verdad en las ciencias”. A su vez el novelista Alejo Carpentier,  nacido en suiza pero de cultura franco-cubana, fue autor de  una exitosa novela  sobre una paradigmática dictadura centroamericana, titulada “El recurso del método”, donde  el voluntarismo mágico generaba una impostura sustitutiva de la dura realidad de la opresión sistemática difundida en 1974.

Nos está tocando a nosotros debatir en tiempos dudosos donde la falsificación permanente se ha constituido en fuente de un insistente discurso estructurado para contradecir lo evidente, sustituyéndolo por una narración diseñada para generar un mundo fantasioso destinado a derogar y sustituir las verdades  más evidentes y palpables.  El modelo, no es novedoso, y ya fue denunciado brillantemente por George Orwell en sus ensayos y novelas, primero “Rebelión en la granja” y luego su extraordinaria “1984”, en los capítulos dedicados al Ministerio del Pensamiento  como creador de una “neo habla” de tal modo institucionalizada como para impedir siquiera pensar y mucho menos expresar cualquier disenso respecto de la historia oficial permanentemente reescrita para acomodarla a la voluntad de un gobierno omnipresente y a la vez técnicamente invisibilizado.

Pido disculpas al lector por esta incursión literaria, pero estimo necesario hacerlo en esta triste oportunidad de referirnos al “discurso” que según el artículo 99 inciso octavo de la Constitución Nacional, debe  el Presidente de la Nación, pronunciar al tiempo de  proceder a la solemne “apertura de las sesiones del Congreso, reunidas al efecto ambas Cámaras”, a fin de “dar cuenta en esta ocasión del estado de la Nación, las reformas prometidas por la Constitución y recomendando a su consideración las medidas que juzgue necesarias y convenientes”.

Lo más evidente de esta oratoria han sido sus silencios y omisiones respecto de  los dilemas fundamentales que nuestra sociedad arrastra en varias décadas de persistentes  fracasos colectivos, que no son “heredados” sino  construirlos por esta misma sociedad a lo largo de muchos años de decisiones erróneas y conductas irresponsables.

El deber del Ejecutivo es plantear –de modo veraz- el “estado de la Nación”, y nuestro notoriamente lamentable  “estado” es el de un país sin moneda. No “heredado” de ayer, pues hace décadas, que esto se arrastra. Entre 1946 y 1966, la depreciación fue del 9056,5% (con un promedio mensual del 20,7%) y las devaluaciones  frente al dólar  el 1580%. Nuestro “estado” es que hemos logrado destruir varias veces el sistema monetario, viéndonos obligados a sucesivos cambios de su signo (moneda nacional, pesos ley 18188, pesos argentinos, australes, pesos convertibles dolarizados, pesos sin convertibilidad), sin poder siquiera a veces realizar cuentas confiables, entre el exceso de ceros y la necesidad de acudir a índices de corrección, no siempre fiables.

Cuando la convertibilidad de 1991 llevábamos sacados  trece ceros a nuestra moneda. O sea que  diez billones  de pesos moneda nacional de 1969 (diez  millones de millones, $10.000.000.000.000) equivalían a un peso, en paridad con un dólar, de veinte años más tarde. Esa paridad hoy es un dólar, al “contado con liqui.”, por dosciento pesos, lo que significa una devaluación del 20.000% entre 2001 y 2022. Esos son los problemas, son estructurales, y son algo mucho más grave sólo una “pesada herencia”, pues involucra sucesivos malos liderazgos y pésimas decisiones, durante un periodo de sesenta años o sea casi tres generaciones.

Lo mismo ocurre con la perdida total de las reservas y el grave endeudamiento con prestamistas internos y externos. No empezó ayer, (empezó en 1824) y el Estado está en quiebra por  permanentemente gastar mas de lo que se produce,y reiteradamente convocando a la paciencia, ya no, de los acreedores financieros sino del esforzado pueblo que debe soportar las consecuencias de muchas décadas de desmanejos  políticos,a  pesar de lo cual su clase dirigente prefiere seguir proyectando fantasías y divulgando mentiras, que una gran parte de la población recibe alborozada, porque prefiere los engaños y espejismos de colores fatuos a hacerse cargo de las obligaciones incumplidas, la holganza subsidiada etc..

Tenemos muchos otros problemas igualmente graves y omitidos en el discurso metódicamente diseñado para distraernos, con un paseo por una argentilandia  deslocalizada y destemporalizada, tales como las cuantiosas deudas internas y externas, en moneda y en reformas siempre procastinadas, servicios, prestaciones y obras nunca realizadas.

O las reiteradas “emergencias”-otro persistente  indicador relevante de la fractura cultural e institucional- que inmovilizaron  y licuaron los acumulados  gigantescos pasivos de los presupuestos públicos, más las devaluación, unida a la generalizada  dolarización de facto emprendida por la gente como autodefensa.

La devaluación frente a las  monedas extranjeras no es sino el espejo o réplica de la inflación. La percepción ciudadana varía según las canastas, por existir distintos tipos de consumo, y la incidencia  en determinadas épocas de precios controlados por vía directa o compensada con subsidios como ha  ocurrido con el transporte y la energía..Es un hecho notorio y evidente nuestros reiterados desbordes se inflacionarios  , pues el más elemental manual de economía califica de ese modo a la que supera dos dígitos (10% anual). Nosotros venimos sufriendo porcentajes potenciados que triplican ese piso, y digo potenciado porque no se suman año a año sino que cada período implica una suerte de interés compuesto sobre la anterior. Nuestro ingreso per cápita en dólares de 2017 en 1950 era casi 10 veces superior al de China y ahora estamos en una diferencia de 10 % aproximadamente y ya China es la segunda potencia mundial por tamaño del PBI. El Producto Bruto de la Argentina se redujo 12% entre 2011 y 2019 según se desprende de un informe de Ecolatina. Si se suman los dos años de la pandemia -2020 y 2021-, la cifra alcanza el 16% .

La Encuesta de Continuidad Pedagógica, relevamiento nacional en el que participaron docentes, directivos y familias  sobre la respuesta del sistema educativo argentino durante pandemia mostro que en 2021segun la muestra hecha, cabe estimar en que, 1.000.000 de alumnos tuvo escaso o nulo contacto con la escuela. Y esta semana  de ese numero solo se revincularon  361.961 estudiantes. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA viene avisando que los programas sociales y las asistencias alimentarias no fueron suficientes para compensar el deterioro del bienestar durante el escenario COVID19. La reactivación económica ha producido un aumento en la demanda de empleo, pero se ha registrado una fuerte caída del ingreso real. El país enfrenta desde hace tiempo un problema económico estructural, de ecuación económica, que no es irresoluble, ni teórica, ni técnicamente hablando, lo grave es la falta de decisión política para enfrentar la realidad de liderazgos que comprendan que las instituciones son para generar los necesarios cambios. Comenzando por abandonar el truco del secretismo y la  incertidumbre desconcertante el “vamos viendo” ,para estabilizar la macroeconomia. Y recuperar la fiabilidad. Dejar de confundir la aceleración via consumo, con la multiplicación por medio de las inversiones productivas. Tanto económicas, como sociales:en salud,educación, ordenamiento territorial, viviendas, mediambientales, y devolviendo prestigio a los gestores sociales del buen orden, educadores, sanitaristas, policías y empresarios creadores de empleos.Y en esto “mejor que decir es hacer,mejor que prometer es realizar”,y tener  clara la sabiduría evangelica (Mateo 6-27). sobre los charlatanes, a quienes así interpela: “quien a fuerza de discursos, ha podido crecer un codo en su estatura?”

por Roberto Antonio Punte