Por Carlos Penelas

La literatura nos conmueve. Como nos conmueve el cine, la pintura o la música. El arte conmueve y nos crea una nueva inteligencia, nos hace privilegiados pues comenzamos a concebir el mundo desde otra perspectiva, desde otros valores. Siempre en busca de lo ético, de lo estético. Ordenamos memorias, experiencias, revelaciones.

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 Vamos a releer ciertas páginas, ciertas conductas, ciertos legados. Nombres como los de Umberto Eco o Italo Calvino quedaran para otro artículo. Lo mismo que Haruki Murakami. Borges afirmaba que “cada escritor crea sus precursores”. Los testimonios que solemos traer forman parte de la vida, de la creación, de la realidad. Lo importante es desarrollar las ideas, cultivar la sensibilidad. La vida se nos presenta a través de historias intensas, gozosamente contempladas desde la eminencia del presente. Vivimos la complejidad del ser entre la tragedia y la esperanza.

“Hay quien cree que guerra es lo mismo que un rasguño en una pierna… mentira. Guerra significa cabezas destrozadas, piernas arrancadas de cuajo…, hombres abrasados por el napal, pero aun vivos.” La cita pertenece a un mercenario británico que peleó en Angola. ¿Que podemos decir ante el terrorismo de nuestros días, de la soledad y el horror que nos avergüenza como seres humanos el atentado reciente en Niza? ¿Cómo mirar los ojos de nuestros hijos, de nuestros nietos?

Para el pensador español Manuel Reyes Mate “lo indispensable es una reflexión moral y política sobre la presencia de la barbarie humana en la construcción de la humanidad”. También añade: “Lo sorprendente de la memoria es que nos hace ver que la realidad forma parte también de aquello que no existe.” Querido lector, si vamos leyendo con detenimiento, los espacios, los silencios, comprenderemos la erosión del sistema, visualizaremos la hipocresía más allá de los medios audiovisuales y su carácter adictivo.

La relectura de Kafka resulta siempre fundamental. Para Benjamin la obra de Kafka era un escenario donde tenia lugar el teatro del mundo cuyo actor principal es una criatura inundada de vergüenza que se ha olvidado la letra. Para Brecht en Kafka había una clara anticipación al hacinamiento de los grandes conglomerados urbanos del siglo XX. Gershom Scholem adujo que éste esbozaba anticipadamente la miserabilidad de los campos de concentración.

En toda su obra vemos la capacidad para la autodestrucción sistemática y obcecada de los valores. Debemos evocar a Robert Musil cuando señala: “La constitución era liberal, pero el régimen clerical. El régimen era clerical, pero los habitantes librepensadores. Todos los burgueses eran iguales ante la ley, pero, justamente, no todos eran burgueses…”

No se quiere leer la realidad. No se quiere soportar la mentira frente a nuestras narices. Hay una sola finalidad desde los presocráticos y antes también: se pretende confundir, perturbar, humillar, someter a la victima. Aunque todo parezca simbólico o alegórico. Se sabe (no es un dato menor) que Kafka era buen jinete, nadador, vegetariano, nudista, naturista. Por lo general sólo nos recuerdan que murió a los 41 años, tísico. Tuvo una fuerte enemistad con la alopatía, estaba signado por la preocupación social y (esto jamás se dice) una sincera simpatía hacia el anarquismo de Kropotkin. Tenia diferencias con el sionismo y un judaísmo bastante singular, edificado ante una ecuación casi agnóstica y el de pertenencia a una cultura fundamental.

Siento que es importante recordar una vez más Terezin. Esta era una pequeña ciudad checoslovaca ubicada a unos 60 kilómetros al norte de Praga. En 1942 sus cuatro mil habitantes fueron evacuados y la ciudad se convirtió en un ghetto. En pocos meses fueron hacinados ochenta mil judíos. En rigor era un campo de tránsito hacia las cámaras de gas de Polonia. De Terezin los nazis hicieron un “ghetto modelo”, e incluso rodaron películas donde se veían orquestas, escuelas, gente paseando por las calles. Fue una farsa creada para mostrar a la Cruz Roja el buen trato que existía hacia los judíos. “Estoy en un rincón, y miro a la ventana. Allí donde el corazón es separado del corazón.” Esto lo escribió Hanus Hachenbulrg (1929-1944), una de las tantas criaturas condenadas por el nazismo. Sobre simples hojas de papel los niños de Terezin dejaron un testimonio en dibujos y poemas.

Recomiendo releer a Sándor Márai quien había sido educado “de acuerdo con ideales que consideraban a la burguesía como defensora de las libertades cívicas y al burgués como un pionero del progreso humano y social”. Pero éste es sólo un aspecto, su obra la podemos asociar a la de Thomas Mann, por su densidad, su esencialidad, su universo. Mientras tanto la humanidad transita el lenguaje de las bombas y de las piedra., Lo dramático es que comenzamos a tener cierta familiaridad al convivir entre escombros. El fascismo, el nazismo o el stalinismo han cambiado el mundo, lo hicieron peor. Así es la historia, así son las luchas sociales, así es el capitalismo salvaje. Hoy vivimos los tiempos de la brutalidad, de la enajenación, de la barbarie. Parece que ha desaparecido la idea de felicidad, el anhelo de justicia. Los tiranos, los populistas, los fundamentalistas temen la palabra como temen la belleza. Los líderes políticos parecen querer arrojarnos a la demencia. Necesitamos una postura moral, necesitamos un pensamiento libertario.