Y LAS CARACTERISTICAS  DEL SIENDO-ARGENTINO  

                                                  Por el Prof. Dr. Antonio Las Heras. (*)

La vida de Pancho Sierra, construída de acuerdo con el decir de sus fieles y sin tener en cuenta datos históricos, atraviesa por las mismas etapas que son común denominador en el Mito del Héroe. Asi es que tiene un nacimiento incierto (su partida de nacimiento jamás fue hallada pues, al  parecer, la iglesia que lo inscribió sufrío un incendio), no contaba con un año de vida cuando sobreviene un agudo peligro de muerte y sólo la intervención de un milagro lo salva (padecía una bronconeumonía y los médicos lo habían desahuciado; su madre no se resigna a perder al primogénito    también característico del aspirante a héroe – y dedica sus horas a la oración. En ese estado ocurre el milagro: una ramita de olivo bendito que estaba pegada al crucifijo de la cabecera de la cuna de Pancho, se desprende y al caer queda sobre su frente. Apartir de allí mejora y sana.) Hay más. Explica Henderson – discípulo de Jung- que “es típico del héroe su capacidad para salvar y proteger de peligros terribles a mujeres hermosas”. El Héroe Sierra también participa de esa experiencia. Pero con resultados fallidos. Se enamora de Nemesia, una criadita de la estancia que le pertenece. La familia de Sierra ve con malos ojos semejantes relación. Aprovechando un descuido del patrón, envían a Nemesia a un pueblo cordobéz. Entre esto y el Dragón raptando a la Doncella sólo media una diferencia de épocas y estilos. El estrato que provoca tal pasaje mítico es el mismo: la nesecidad psicosocial de integrar opuestos. Sierra no lo logrará. Cuando llegue a la localidad de Huinca, dónde Nemesia cuidaba a una anciana estanciera, descubrirá que su amada murío – de pena – hace tiempo. Apenas logra conocer la cruz de palo que señala el lugar donde fue enterrada.

El hecho de que el mito señale al Héroe como impotente para lograr quedarse con su amada, es un dato muy importante en el análisis psicosocial de la población que sustenta y crea la historia mítica. Porque nos advierte sobre un impedimento o imposibilidad que sufre esa comunidad. Sierra no es Ulises, que tras batallar y enfrentar exitosamente mil problemas, regresa a su tierra natal, hace huir a los pretendientes de Penelope, recupera el trono y vive el resto de su existencia feliz, con sus hijos numerosos, con el pueblo agradecido por su gobierno. El Héroe Sierra sólo contraerá un matrimonio por conveniencia en su vejez. Se casó  con una jóven a quien dejar sus posesiones. Jamás pudo formar una familia, ni tener hijos de su carne. A cambio de esto, logró miles de hijos espirituales. Es el precio que se paga – míticamente hablando –cuando el Héroe (que no es otra cosa que el símbolo de la conciencia incipiente) queda incapacitado para rescatar a su Doncella (el Anima de la que nos explica Jung que es uno de los aspectos del psiquismo inconsciente más importante para incorporar y conseguir armonía individual y colectiva) de las garras del Dragón – en el caso de Sierra, de las decisiones de sus tías, que son las que deciden la expulsión de Nemesia – que es el inconsciente propiamente dicho. El peligro reside siempre en que el Héroe (la consciencia incipiente) no consiga distinguirse de lo inconsciente y parezca atrapado por los designios del inconsciente.

El Héroe representa a la consciencia. Surge del todo compacto que es el universo inconsciente. La misión del Héroe es arrojar luz. Pero, para que ello sea así, debe enfrentar obstáculos. Una sola vez que falle y el camino queda trunco. Puede transformarse en un sabio, en un guerrero, en alguien importante. Pero no alcanzará el estadío de ser trascendente, capáz de guiar a sus seguidores hacia cambios profundos. No será Rómulo y Remo fundando Roma. Ni Jasón a la cabeza de un grupo de victoriosos argonautas trayendo el Vellocino de oro. También eso le ocurrió a Edipo., Pudo gobernar – un tiempo apenas – Tebas. Fue una gloria efímera. Terminó sus diás solo, con una hija como lazarillo y abandonado en una cueva. Mas se había transformado en un consejero importante . Los gobernantes creían que donde fuera enterrado el cadaver de Edipo las tierras jamás se habrían de ser invadidas. Ese cadáver pasaba a transformarse en algo así como un talismán. También eso se espera del Héroe Sierra. Ni Edipo ni Sierra lograron una integración estable con su Anima / Doncella. De Sierra también se esperaban consejos, curaciones, clarividencias. De su cadaver se espera algo similar a lo que, le ocurriera a Edipo. Se le atribuyen facultades milagrosas o mágicas. Racionalmente, entendemos que es un cadáver como el de cualquier humano. Pero el mito lo exhibe en otra forma. Y así lo aceptan sus seguidores. Por eso hubo que ocultar el féretro bajo una pesada lápida de mármol y agregar suficientes cerraduras. Los fieles (atrapados por el mito del héroe sierrano) fueron desgajando la madera del ataud hasta dejar a la vista el cofre de plomo. ¿Por qué motivo?. Para atesorar esa astilla dificultosamente extraída como un talismán que siempre acompañará.

Edipo recibe información sobre lo que ignora – pero debiera conocer – de la boca de un viejo, ciego, clarividente: Tiresias. Esto es otro de los pasos del sendero del Héroe. Que no es sino un Camino Iniciático. Todo quien recorre este sendero recibe, alguna vez, la visita del Anciano Sabio. Ello igualmente sucedió a Sierra. El Anciano Sabio adquirió el disfráz de un gaucho, de buen porte, pero muy mayor, con largas barbas y cabellos sobre los hombros. Ese gaucho, que encuentra Sierra afuera de la posta de Arbol Solo, una noche de Luna llena, mientras viaja en busca de Nemesia, es quien le hará – casi en parábolas – que su viaje fracasará y que un repentino giro en su vida habrá de producirse pronto. Naturalmente, nadie más que Sierra vé y conversa con ese misterioso gaucho clarividente y precognitivo. Tras los hitos que implican la búsqueda del Anima / Doncella y el encuentro con el Anciano Sabio, aparece – en la vida del Héroe – un nítido cambio en su senda. Claro que no es lo mismo si regresa con la amada en su cabalgadura triunfante que si vuelve cabizbajo, cansino y solo. Esto sucedió a Sierra. Entonces el cambio de rumbo en la senda es el aislamiento. Un momento en que el peligro de la locura está próximo. Locura, en este caso, quiere decir imposibilidad de adaptación. La conciencia apenas formada sería devorada por lo inconsciente. Así como Jonás pasa un prolongado lapso en el interior de una ballena, Cristo se aísla en el desierto y muchos héroes se recluyen en cuevas, bosques o montañas, Sierra lo hace en un mirador o altillo de su estancia llamada El Porvenir. Allí transcurre un tiempo (nadie puede precisarlo). Y, también común denominador mítico, encuentra alivio en la divinidad que se comunica con él.

Dios – en este caso, podrían haber sido las divinidades del Olimpo si este fuera un mito griego y no argentino – le refiere lo que tiene preparado para él. Ha sufrido mucho y aceptado su dolor, Dios decide premiar la actitud estoica de Pancho Sierra otorgándole los dones de curación, clarividencia y sabiduría. Nos recuerda la historia – igualmente mítica – de Abraham y su hijo Isaac. A quien Jehová premia asegurándole larga vida y gran descendencia por haber obedecido al sufrimiento que hubiera significado ejecutar a Issac por órden de la divinidad.

Cuando Pancho Sierra abandona el aislamiento en el mirador de la estancia, el camino iniciático –para él– está concluído.     Logró lo que pudo. No es mucho. Apenas alivia el dolor, de la soledad, de las enfermedades físicas y espirituales. No llega más lejos –esto es, a producir cambios trascendentes en la comunidad que lo respeta- porque él mismo se halla atrapado por fuerzas poderosas del psiquismo inconsciente.

Sierra quedó prisionero del lugar donde nació. No pudo dejar la estancia de sus padres y antepasados. No consiguió buscar su propio lugar de reinado. Esto – psicológicamente analizado el mito – significa estar fijado en los deseos parentales. Además no se permite fundar su propia familia, toda vez que no alcanza a retener a la mujer amada. Es decir, no integra a la conciencia fuerzas procedentes de intrapsique. El Arquetipo de la Gran Madre Curobórica lo rige. Esto está dado por que se cumple la voluntad de las tías –simbólicamente, reemplazantes de su madre muerta –al no concretarse la pareja con Nemesia. Igual que Abraham, está sujeto asimismo al Arquetipo Paterno. No es Sierra quien guía en si mismo su acción. Sino un dador de vida suprema – Dios – quien decide por él y le ofrece a modo dádiva, de conmovedor obsequio, su transformación en Anciano Sabio. Eso es lo que Sierra será hasta su muerte mítica. Un Anciano Sabio; impotente para producir una armoniosa acción desencadenante. Usamos el término desencadenante en sus dos posibilidades de lectura: aquello que es la rotura de algo que tal así como lo que genera una intensa producción de hechos concatenados.

Sierra es un Héroe Mítico de la Argentina. Y si prestamos atención a lo que sobre él hemos relatado, se verá que hay aquí muchos aspectos que llevan a comprender mejor el siendo-nacional, erróneamente bautizado ser-nacional. Culturas milenarias, quizás puedan referirse a un ser-nacional como sinónimo de algo tan constituido que ya se halla en un período prolongado de inmovilidad. Pero eso no sucede con los argentinos. El análisis psicológico de un mito (como es el de Pancho Sierra) permite conocer el estado de la conciencia psicosocial de la comunidad donde el mito se sustenta y origina. A partir de ello pueden preverse comportamientos comunitarios, necesidades, intrapsíquicas de la población, posibles desarrollos futuros, etc.

Nuestro siendo-nacional tiene características precisas. No es estático. No está acabadamente definido. Mucho menos terminado. Es algo en vías de establecimiento. Podríamos decir de él que aún mantiene gran relación de dependencia con el origen (Europa), excesiva separación con lo autóctono precolombino, demasiada esperanza en las fuerzas, dictámenes, ideas y realizaciones de la divinidad (el gobernante de turno que cumple tres etapas: se lo idolatra e idealiza a su llegada, es odiado a medida que gobierna y, finalmente , se lo añora cuando ya no está) señalando la intervención del Arquetipo Paterno y una manifiesta confusión entre las características propias de la mujer/esposa (bien evidenciada en las letras de ciertos tangos que comparan a la madre con una novia inmaculada o en la extraña expresión “madre-patria” que se usó durante décadas para referirse a España; a nuestro juicio madre-patria, donde “patria” tiene como origen el término “pater“, “padre”, es como utilizar la expresión “dulce-salado” entrando en una contradicción que exige el análisis psicológico detenido y en muchas otras situaciones )lo que destaca la sujección del argentino al Arquetipo Materno.

Se nos ha dicho que analizar el siendo –argentino-actual a partir del estudio mitológico de Pancho Sierra es un error. Pues el mito estaría refiriendo el grado de conciencia psicosocial de la población en vida de Francisco Sierra. Nosotros consideramos que esta señalización proviene de un análisis equivocado de aquello sobre lo que estamos hablando. Nuestro estudio es válido para la actualidad. Por una razón sencilla. El material de donde hemos extraído el decir mítico no proviene de relatos de fines de siglo pasado (Sierra murió el 4 de diciembre de 1891) sino de quienes hoy en día perpetúan su memoria. El mito de Pancho Sierra tiene, actualmente, miles de seguidores repartidos – principalmente – en el área bonaerense. Pero los hay, igualmente, fuera de la frontera argentina. De allí que no puede sostenerse que estemos trabajando sobre algo vinculado al psiquismo social del argentino bonaerense de fin del siglo pasado. Nuestro material mítico sobre Sierra es el que circula hoy en día entre sus seguidores. Y, por supuesto, este llevar de boca en boca hace que la historia mítica se transforme rápida y adecuadamente a la situación vigente. Donde se notan las necesidades así como las etapas satisfactoriamente superadas o aquellas que tendrán lugar en el temprano devenir.

Otro tema que se nos señaló es el de que debe restringuirse la validez del análisis a la provincia de Buenos Aires. Estimamos que esto es cierto en parte. Porque reconocemos que el mito sierrano tiene su mayor intensidad en lo que es el territorio bonaerense. Pero nos permitimos preguntar: ¿Dónde se halla concentrada la mayor parte de la población argentina?.¿Es cierto que lo ocurrido en Buenos Aires influye sobre las demás provincias de la Nación desde que nos constituimos como tal? Frente a ambas respuestas consideramos que podemos decir que si bien el mito sierrano difícilmente cumpla los mismos estilos de mitos del N. E. o el sur patagónico; seguramente hallaremos que los resultados del tránsito del Héroe por el sendero iniciático son similares. Aunque así no fuera, el mito de Pancho Sierra – de clara raigambre argentina – nace y se difunde en la zona con mayor cantidad de habitantes del país. Y, asimismo, en la región geográfica donde – más que generalmente – ocurren los hechos de decisión. Por tanto consideramos se trata de un mito que, desde el abordaje psicosocial que hacemos, permite el análisis de las características del siendo-argentino-actual.  

(*) El autor es Director del Instituto de Estudios e Investigaciones Junguianas de la Sociedad Científica Argentina. Profesor de Psicología Junguiana en la Universidad Argentina John F. Kennedy. Miembro Honorario de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y Director de Gazeta del Progreso. alasheras@hotmail.com

 

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En una de las fotos se observa al autor de la nota frente a la tumba de Francisco «Pancho» Sierra situada en el cementerio bonaerense de Salto Argentino, donde pueden observarse numerosas ofrendas florales, siempre presentes. La otra foto exhibe una parte de la calle «Pancho Sierra» situada en el perímetro izquierdo externo de la necrópolis donde cada mes aumentan las placas de agradecimiento y otras manifestaciones de agradecimiento.