Imaginemos que algo va a cambiar –al menos por unos años- y que todo será sustancialmente distinto. Pero, dado que ignoramos el cuánto y el cómo de ese cambio, nos cuesta soportar la incertidumbre. Lo que sabemos, eso sí, es que se trata de la primera catástrofe humana que involucra a los cinco continentes. Como ocurre siempre ante un problema inédito, todas las opiniones pueden tener algo de razón o no tener ninguna.

Vivimos con la sensación de estar sin brújula, que disponemos de muy pocos datos y que estos no lucen muy sólidos. Sólo conocemos lo que pasó ayer o en días anteriores. Tampoco tenemos –todavía- información suficientemente certera, acerca de cómo es el virus, o cómo se contagia, en qué proporción las poblaciones son afectadas, cuántos serían los portadores sanos, etc.

Y en medio de todo eso, nuestro país. Un conglomerado decadente por décadas, que vive prácticamente “al día” o de prestado, endeudado con los de afuera y con los de adentro, sufriendo desigualdades que se mantienen gracias a un sistema económico “incorregible”, que sólo busca mantener a bolsones de privilegiados que se han especializado en mantenerse cerca del poder y de comportarse como clientes prebendarios de gobernantes con vocación prebendista.

Dentro de este confuso escenario, el gobierno asumido en diciembre pareció –luego del erróneo diagnóstico inicial de González García-, enfrentar atinadamente la pandemia que se nos aproximaba. Fernández asumió con solvencia su función de timonel. Aunque ahora se comprueba que si bien navega adecuadamente, no tiene un rumbo claro. Así, es como un barco al garete, que podría seguir flotando pero sin llegar seguro a buen puerto.

Tampoco parece disponer de una tripulación idónea que lo acompañe. En menos de cuatro meses de gestión, algunos de sus miembros corroboraron empíricamente la existencia del conocido Principio de Peter (“En su carrera profesional, cada cual asciende hasta el nivel de su máxima incompetencia”). Sin duda, González García, Vanoli, Pesce y Kiciloff, han mostrado experimentalmente que sus puestos les quedan holgados. Con mucha verba, pocos hechos concretos y, en los aspectos decisivos, varios fracasos.

Y que no se atribuyan esas fallas a la heterogeneidad de sus variados sostenes políticos o bien, que la responsabilidad de sus cargos fue “loteada” –pues Europa e Israel están llenos de ejemplos de coaliciones de gobierno híbridas aunque eficaces-, sino que simplemente, se trata de que andan a tientas, no conocen y si es que conocen, no quieren o no pueden.

Qué creemos que podría hacerse 

Falta tiempo –no sabemos cuánto- para que tengamos respuestas a varios de aquellos interrogantes. Pero, en “el mientras tanto”, deberíamos ir pensando en qué es lo que habría que intentar hacer, cuando llegue el momento en que el coronavirus se extinga, por acción de la naturaleza o de los seres humanos.

Ante todo, advirtamos que existe un serio peligro al tomar decisiones para todo un territorio que tiene regiones distintas, estructuras económicas diferentes, poblaciones heterogéneas y hasta distintas idiosincrasias; pues ellas puedan dar resultados también disímiles. Lo que podría ser bueno para unos, podría no serlo para otros.

Nuestra idea es que para coordinar esas potenciales discrepancias, convendría formar equipos interdisciplinarios –no siempre de fáciles de ensamblar, debido a la rivalidad científica o a banalidades de figuración-, en distintos rubros (exceptuando el de salud, que ya está constituido), con un coordinador jefe, y que, en lo posible, sea presidido por una figura lo más indiscutida posible.

Veamos

  1. Equipo de economía y finanzas: Es sabido que la más grave secuela que producirá la pandemia –aparte del golpe espiritual colectivo y el daño en la salud de la población- será en el terreno de la economía. Habrá daños económicos y financieros que afectarán en forma diferente a familias y empresas. Ocurrirá como con un tsunami: el agua nos llegará a todos pero, los más petisos y los más débiles se ahogarán primero. Las empresas con alta incidencia de personal en sus costos o con alto nivel de endeudamiento, son las que menos resistirán un período prolongado sin emitir facturas. Lo mismo les ocurrirá a personas individuales y a profesionales o técnicos.

El equipo -que debería exceder el del modesto elenco ministerial- tendría que definir a qué personas o empresas se las deberá o se las podrá asistir financieramente –sea con préstamos para capital de trabajo o con créditos de otro tipo-, para poder poner en marcha su fábrica, su prestadora de servicios, su comercio o su emprendimiento. Para ello, es bueno recordar que el comercio participa con el 13,0%1 en el total del PBI; la industria el 12,5%, el agro 5,5%, minería 3,9%, bancos 3,5%, y servicios públicos 2,3%. Un total del 49,6%. El resto está formado por lo que se denomina PBI del sector público (que casi no produce bienes y que presta servicios de carácter social de nula rentabilidad económica). Claro que éste significa el 50,4% del total. (INFOBAE datos de 2017)

Es interesante destacar que una encuesta de Durán Barba informa que el 97% de los habitantes porteños están de acuerdo con la cuarentena pero, sólo el 59% se siente perjudicado económicamente. Posiblemente, porque el 41% restante –que no se quejavive en su mayor parte del Estado y suele tener asegurado el pago a fin de mes. Sin embargo, cuando ese 49% quiera comprar bienes e insumos –que, repetimos, sólo los produce la actividad privada- no los encontrará en las góndolas ni en los comercios mayoristas dado que muchos proveedores habrán quebrado, al menos temporariamente.

Tanto la industria como el agro y la minería mantendrán, a pesar del coronavirus, el aparato productivo intacto y podrían despegar con bastante rapidez, una vez sorteada la pandemia (siempre que cuente con imprescindible ayuda financiera, como para comprar insumos o poder financiar ventas).

Pero, en nuestro país nada es tan simple, pues casi el 40% de actividad económica se desempeña “en negro”, es decir, fuera del sistema fiscal y, por lo tanto, ajeno al pago de impuestos. Por otro lado –según IDESA, en base a datos provenientes del Indec-, el 23% de la fuerza de trabajo es cuentapropista y otro 25% realiza trabajos precarios e informales. Es sabido que esta gente vive al día y no soporta o no soportará mucho tiempo sin trabajar, sea por efectos de la pandemia o consecuencia de la recesión que ésta hasta ahora ha generado.

Y aquí llegamos al nudo del problema económico: es sabido que, a diferencia de la industria, los servicios no pueden “stockearse”. Es decir, que los servicios que no se han prestado debido al aislamiento social, casi en su mayor parte, son irrecuperables. No sólo eso, en general todo su capital está invertido en insumos y capital de giro, por lo que no cuentan con espaldas como para garantizar los créditos que pudieran tomar (también en esto, a diferencia de la industria).

Como vemos, alrededor de la mitad de actividad económica privada está transitando una fragilidad tal, que muchas empresas y profesionales caerán en bancarrota, con la consiguiente pérdida de capital económico o con un grave deterioro de su capital técnico e intelectual.

El otro problema –gravísimo- será la inflación. La enorme cantidad de dinero emitido en los tres últimos meses y especialmente en estas últimas semanas, no está circulando a gran velocidad, debido principalmente al aislamiento social. Casi todo el comercio está cerrado y no compramos más que lo esencial. En el gobierno creen que con tarifas y combustibles congelados no tendría por qué haber inflación, como dijo el presidente en la conferencia de prensa. Es que no tienen idea de cómo funciona el mercado, aún en tiempos de guerra.

No saben que, en cuanto se flexibilice el aislamiento social y se habilite el sistema bancario, la velocidad de circulación crecerá en forma exponencial en una o dos semanas, con un claro destino final: la compra acelerada de bienes disponibles…. o de dólares. Y ello provocará una inflación de precios que, en el mejor de los casos, será muy alta, si es que no llega a ser altísima o lisa y llanamente híper inflación. Podrán perseguir policialmente a productores, intermediarios, comerciantes o a “arbolitos” cambistas, pero los precios de los bienes y del dólar treparán. O bien, habrá escasez y desabastecimiento.

Dos problemas de esta magnitud, ameritan que las decisiones estén avaladas o estudiadas por un comité de expertos serios y hasta con posiciones doctrinarias diferentes, de manera tal que logren ciertos consensos con algunos fundamentos compartidos. Pero no pueden manejarse con media docena de economistas académicos, que sólo simpatizan con la economía del reparto.

Recordemos que, si la cantidad de moneda se expande, el hecho no será neutro. Con lo poquito o mucho que le sobre, la gente buscará bienes o monedas duras, como el dólar. Y habrá faltantes y su contrapartida: subas de precios. Por eso hace tiempo que venimos propugnando experimentar con una moneda con plazo de vencimiento –que propusiera el economista Silvio Gesell hace un siglo-, lo que permitiría lubricar y poner en marcha la recuperación post pandemia, sin terminar produciendo una devaluación gigantesca que aumente la pobreza.

  1. Equipo de logística: En forma similar a cómo los EE.UU. planearon el desembarco en Normandía, esta unidad tendría que incorporar a los más importantes expertos en logística de las grandes compañías de distribución de alimentos, bebidas, medicamentos y artículos de limpieza. No se gana ninguna batalla sin saber cómo acercar vituallas al frente. Y, por otra parte, no puede someterse las decisiones logísticas al arbitrio de un sindicato o de un empresario extorsionador, que pongan en peligro el abastecimiento de la población.
  2. Equipo de educación: Su objetivo principal sería diseñar un plan y los mecanismos de recuperación de clases, en los tres claustros, fundamentalmente en el área primaria y secundaria. El peronismo dispone de uno de los mejores expertos en esta materia, Alieto Guadagni, lo que podría asegurar plan de recupero serio, realista y eficaz.
  3. Cultura y entretenimiento: Este comité tendría por objeto evaluar los daños –a nuestro juicio irreversibles desde el punto de vista económico-, que está produciendo la cuarentena en este campo. El tema excede a la comunidad artística y deportiva dado que afecta a la comunidad toda, por lo que no puede medirse en términos de rentabilidad económica. Pero es imprescindible establecer una planificación que busque recobrar una temporada prácticamente perdida, al menos en la medida de lo posible. Esto también es alimento intangible para la población.
  4. Relaciones exteriores y comercio exterior: Este grupo tendría que avocarse al reseteo de las relaciones con el exterior, sobre todo, de aquellas que han quedado deterioradas como consecuencias de la pandemia o de pasos en falso del actual gobierno. Debemos recordar que si a nuestros cuatro principales clientes les va mal (Brasil, EE.UU., China y Chile), cualquiera fuere la causa, a nosotros nos irá inevitablemente mal). También en este terreno el peronismo dispone de valiosos expertos, entre ellos Andrés Cisneros.

Asimismo, convendría que este comité investigara la posibilidad de una nueva vinculación con países del hemisferio sur, cuyas economías parece que serán menos afectadas por la pandemia, para compensar parcialmente las caídas que suframos con los países del hemisferio norte

Finalmente, nosotros sabemos que estas propuestas difícilmente lleguen a autoridades que ni siquiera saben que existimos. Sólo pretendemos que estas ideas que arrimamos a nuestros lectores, constituyan simplemente un papel de trabajo que sirva para comenzar a discutir en el “mientras tanto”, y así estimular un debate al respecto. Naturalmente podrán compartirse, descartarse, reemplazarse, o sólo aprovecharse en parte. Sólo se trata de dar un puntapié inicial al intercambio

Por Estudio Adolfo Ruiz & Asociados

Abril 2020

Perspectivas Microeconómicas Una Publicación del Estudio Adolfo Ruiz & Asociados. Informe sobre economía, management y negocios N°247 e-mail: adolfitoruiz@gmail.com