Nada se hacía por invertir en mantenimiento e infraestructura. La tragedia ferroviaria de Once fue la manifestación más dramática de esa desidia

 

Por Jorge Enríquez 

Subsecretario de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires

 

Uno de los aspectos más desastrosos de la gestión kirchnerista fue su política de transportes. El populismo y la corrupción se combinaron en un cóctel explosivo. Durante muchos años se congelaron las tarifas de los transportes. Con la constante suba de la inflación, alcanzaron un valor, en términos reales, que prácticamente los convertía en gratuitos. Una bella ilusión. Lamentablemente, como expresó alguna vez Milton Friedman: «No hay tal cosa como un almuerzo gratis». Lo que alguien no paga lo paga otro. O también él mismo, por otras vías. En este caso, la inflación.

Para que las empresas pudieran prestar los servicios pese a una tarifa que no cubría ni mínimamente sus costos, se estableció un sistema de subsidios para los empresarios. Estos y los más altos funcionarios del Gobierno se vieron beneficiados. Los empresarios, porque no eran controlados: bastaba que firmaran una declaración en la que manifestaban cuántos viajes realizaban y cuántas personas transportaban. Tamaña generosidad gubernamental era, por cierto, recompensada por los beneficiarios con jugosas coimas.

Mientras tanto, nada se hacía por invertir en mantenimiento e infraestructura. La tragedia ferroviaria de Once fue la manifestación más dramática de esa desidia.

Ese sistema no puede continuar. Sus aristas corruptas fueron desmontadas apenas Cambiemos llegó al gobierno. El populismo tarifario comenzó también a revertirse, con el gradualismo que caracteriza a la administración de Mauricio Macri. Ahora se han hecho anuncios de un plan completo y sistemático destinado a imponer al mismo tiempo la racionalidad y la equidad en un sector tan importante.

Las tarifas se incrementarán progresivamente. Los sectores de menores recursos pueden acceder a la tarifa social. Asimismo, se implementará, a partir del primero de febrero, una modalidad tarifaria que permitirá que la persona que combine diversos medios de transporte público pague su segundo boleto con un descuento del 50%, que será del 75% a partir del tercero en adelante, lo que beneficia a quienes toman varios transportes por día para ir y volver de sus trabajos. Los beneficios de esta Red SUBE se acumulan con los de la tarifa social, que ya implica un 55% de descuento en el valor del boleto.

¿Quiénes son los beneficiarios de la tarifa social? Jubilados y pensionados, personal de trabajo doméstico, beneficiarios de la asignación universal por hijo, asignación por embarazo, ex combatientes de la guerra de Malvinas, Progresar, Argentina Trabaja, Ellas Hacen, monotributo social, pensiones no contributivas.

Cabe destacar que las últimas cuatro categorías fueron incluidas durante el 2016 y que los beneficiarios de la tarifa social llegan a las 3,8 millones de personas, con un incremento respecto a 2015 de un 81 por ciento. Esto es progresismo en serio, al igual que la construcción de cloacas, caminos, la iluminación, etcétera.

El resto de los usuarios debe pagar tarifas más vinculadas a los costos. Aun con las subas, estas serán menores, no ya comparadas con las ciudades del mundo desarrollado, sino con las que pagan los usuarios chilenos, uruguayos o brasileños.

Esa era la extraña noción de progreso social del kirchnerismo. El populismo sacrifica el futuro en el altar del presente. El sistema que dejamos atrás era insostenible y además era injusto. Como en todas las facetas de su gestión, Cambiemos no les miente a los ciudadanos, como hacían descaradamente los Kirchner. Al decirles la verdad, los trata como adultos, es decir, los respeta.

Solo los argentinos, con nuestro esfuerzo, podremos superar las catástrofes del populismo. No serán los noruegos ni los australianos los que nos pagarán el transporte. Lo deberemos hacer nosotros. La cuestión es sobre quiénes recaerá el peso mayor. Cambiemos decidió que no sea sobre los más vulnerables, ni directa ni indirectamente. Eso es progresismo real. Por una curiosa particularidad de este tiempo, hoy se denominan progresistas aquellos que postulan lo contrario, es decir, la inequidad social.

Fuente Infobae – https://www.infobae.com/opinion/2018/01/07/el-verdadero-progresismo/