Por Alfredo Garrido.

 

 

Verónica Lake fue la estrella mayor y fugaz, del cine de Hollywood durante la 2ª. Guerra Mundial, contribuyendo a la emancipación de la mujer americana, a costo de su vida artística.

Murió el 7 de julio de 1973 en New York, a los 50 años de edad, en donde había nacido el 14 de noviembre de 1922.

Triunfó cuando tenía 20 años, muy atractiva, elogiada y aplaudida por la crítica y el público, sobre todo por sus papeles en los films del cine negro estadounidense, en los que hizo una pareja protagónica muy popular internacionalmente con el actor Aland Ladd.

Verónica Lake, con su mechón de pelo largo rubio, ocultándole su ojo derecho y su personalidad, tuvieron un éxito total en la pantalla.

Su personal peinado fue imitado por millones de mujeres. Su carácter fuerte e independiente y su elegancia, la erigieron en un fenómeno que contribuyó a la liberación de la mujer en la historia.

La independencia económica que ganaban las mujeres, al integrarse al mundo laboral durante la Segunda Guerra Mundial; hizo que manifestaran por los derechos que les habían sido negados, entre otros decidir por ellas mismas, y encontraron en Verónica Lake a la imagen representativa: un tipo de mujer liberada, decidida e independiente.

Su imagen cubrió las tapas de las revistas de la época. Fue tan famosa, que durante la guerra la Marina de EEUU, descubrió una isla volcánica en el sur del Océano Pacífico y la bautizó con el nombre de “Isla Verónica” en su honor.

La revista Life, la de mayor tirada en el mundo, la declaró la figura de mayor éxito durante la guerra: “En aquel tiempo nadie podía llegar más alto…” y en un referéndum del Ejército norteamericano fue declarada la estrella femenina más popular.

Llegó a ser tan influyente en las costumbres, que el Departamento de Guerra de EE.UU, tuvo que prohibir a las obreras que trabajaban en las fábricas de armamento, usar “el peinado a lo Verónica Lake”, ya que al tener el ojo derecho tapado por el tipo de peinado, se producían numerosos accidentes y por otra parte, les obligó a los productores cinematográficos a que no lo usara más en sus films.

Por ese motivo, a partir de ese momento Verónica perdió su esencia como figura y su carrera artística.

En Hollywood, las estrellas comenzaban a ser fabricadas sobre la base de publicidad y marketing, que creaban las propias productoras.

El sistema fue el que convirtió a Verónica Lake, en la más genuina representante del “glamour” americano en los 40.

Su belleza no pasó inadvertida y fue cortejada por hombres poderosos, como el magnate Howard Hughes, Aristóteles Onassis y

Marlon Brando. Se casó con el director André de Toth en 1944, que fue el padre de sus hijos Michael y Diana nacidos en 1945 y 1948.

Verónica Lake fue la estrella de una transición, la belleza del cine de los años 40, a la que surgieron en los 50, estilo Marilyn Monroe.

Por otra parte, se decía que no era fácil convivir en el set con Verónica.

Su película “Me casé con una Bruja” en 1942, del famoso realizador francés René Clair, fue uno de los mayores éxitos en la carrera de Verónica Lake. Su coprotagonista, el famosísimo actor Fredric March nunca más quiso trabajar con Verónica, al sentirse disgustado con el trato de Verónica.

Sus compañeros de reparto se quejaban de su difícil carácter, tenía mala reputación en las relaciones laborales, a tal punto que Joel McCrea, conocido actor de la época, no quiso tomar parte en “Me casé con una Bruja”, declarando: «la vida es muy corta para hacer dos películas con la Lake”.

Sin embargo Verónica Lake y Alan Ladd, famoso carilindo y rudo galán de la pantalla, formaron una de las parejas cinematográficas más importantes del cine estadounidense de los 40. Ambos acaparaban las noticias de la época, en los diarios, revistas y radioemisoras. Lo cierto es que hacían muy buena pareja en la pantalla grande, aunque los dos eran de baja estatura:

Alan Ladd medía: 1,65  y Verónica: 1,51 mts.

El personaje creado para el cine, iba poco a poco absorbiendo a Verónica, sin que ella se percatara. Lo limitado del mismo, le  puso fin a una carrera basada en una excesiva artificialidad, en detrimento de su sobrio talento en la pantalla.

Era una vampiresa de lujo, se deslizaba en la pantalla con los hombros descubiertos, ojos entrecerrados y una natural melena rubia, que cuando dejaba ver su cara la revelaba maravillosamente seductora, acompañada por una voz ronca y envolvente.

Fue una de las más sugerentes voces que ha dado el cine, ideal para sus papeles de mujer fatal.

Cuando reinaba en Hollywood, se produjo el hecho que marcó su carrera y su vida: el Departamento de Guerra de los EE.UU., exigió a las productoras cinematográficas, la prohibición de usar el célebre peinado de la diva; que entró en la historia del cine y de las mujeres de la época y con la misma facilidad Verónica Lake comenzó a salir de la pantalla.

Tras la prohibición se vio confinada a títulos de “serie B”; tristemente los buenos papeles dejaron de llegar y su vida fue lentamente alejándose de los rodajes y buscando un refugio de consuelo en la bebida. El alcohol se apoderó de su vida, y este hecho le provocó pérdidas monetarias de las que nunca se recuperaría.

Hacia fines de 1951 se separó del director André de Toth y se declaró en quiebra por deudas impositivas acumuladas.

Le embargaron todos sus bienes y su «carrera» se limitó a apariciones en tv y en el teatro, que no le aportan nada.

Tras romperse un tobillo cuatro años después, ya no pudo volver a trabajar como actriz y empezó a vivir en hoteles baratos de Nueva York, intentando desaparecer de la escena pública, no lo consiguió, pues fue encontrada por un periodista en un Hotel trabajando como camarera. Su salud física y mental declinó y a finales de los 60 fue recluida por paranoia.

En 1973 tuvo que ser hospitalizada debido a sus problemas de alcoholismo que le produjeron una hepatitis y una insuficiencia renal.

Murió el 7 de Julio de 1973 en New York: arruinada, solitaria y joven, a los 50 años de edad.