Somos a la vez, herederos y en cierto sentido deudores, y también   constructores de nuestras circunstancias. Que explican e integran nuestro yo, en lo personal y en lo social , lo condicionan y marcan el sentido de muchas de nuestras decisiones, probablemente  las únicas importantes.

Los griegos distinguían dos formas del tiempo, el cronos o medida del antes y el después, diferente del kayrós, el momento de la oportunidad, cuando se define el rumbo entre la derrota y la victoria.

J.B.Priestley escenificó en una de sus obras teatrales, las «esquinas peligrosas», sembradas en las encrucijadas de la vida, donde muchas veces inadvertidamente se juegan el todo y la nada.

Todas estas reflexiones, apuntan a las horas decisivas en que nos encontramos.

Nuestro destino colectivo está en el aire y, según hagamos cada uno de nosotros  ,o, en cambio, dejemos hacer a otros, construiremos nuestra suerte o desgracia.

No es un tema de dados en el cubilete, sino de acciones concretas virtuosas o egoístas , constructivas o dañinas, generosas o mezquinas.

Una marcha que coreábamos en la infancia remarcaba que “San Martin cruzó el Ande trabajando/y traspuso las cumbres hacia el sol”. Ningún líder hoy nos reclama ofrendas de sangre y lágrimas, pero no cabe duda que sí deberemos oblar el sudor del esfuerzo si queremos que cambie para bien nuestra dañada convivencia.

Es cierto que duele la vacuidad de nuestras dirigencias, su defensa frívola del estatus quo, de las comodidades   abroqueladas, los microprivilegios arrebatados a un estado fofo y prematuramente vencido y colonizado por los rentistas de  la miseria.

Quienes abogamos por la República no podemos   sumirnos en una espera pasiva de que otros hagan lo que no hacemos. Reflexión y acción   es la consigna para llenar los baches, enderezar los rumbos torcidos, levantar a los caídos, vencer la resistencia de los ventajeros y  reanimar a los desesperanzados , los que han perdido toda fe. La prudencia madura la acertada selección de fines y medios , tanto en el silencio del corazón, como en los diálogos con los pares, ya amigos, ya adversarios.

Pero ineludiblemente  deberemos generar decisiones y conductas   reales y operativas, lo necesario para que todo el impulso que hemos recibido de las generaciones de nuestros padres y antepasados se manifieste en una nueva energía que nos salve del fracaso y se manifieste en una renovada grandeza.